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Boletín N°26 · Agosto 2026

El centro reformista: identidad y vocación de mayoría

Publicado el 31-08-2026

El boletín N°26 del mes de agosto, tiene como tema central los desafíos del centro reformista frente a la polarización actual. En esta edición encontrarás la reflexión editorial sobre el amplio espacio del centro, el resumen del conversatorio “Construir una alternativa para el Chile de hoy: el desafío del centro reformista” que realizó Jaime Mulet Martínez y tres recomendaciones de lectura.

Editorial: el amplio espacio del centro — identidad, reformas y vocación de mayoría

Hablar hoy del centro político puede parecer contradictorio en un escenario marcado por la confrontación, la fragmentación y una oferta política cada vez más polarizada. Sin embargo, ello no significa que la ciudadanía se haya desplazado masivamente hacia los extremos. Por el contrario, la evidencia disponible muestra que el centro continúa representando un espacio significativo de la sociedad chilena.

Existe aquí una primera constatación que debiera orientar la reflexión: parece existir una demanda por posiciones de centro que no encuentra una oferta política capaz de representarla plenamente. El problema, por tanto, no sería la inexistencia de un centro social, sino la dificultad para transformarlo en un proyecto político reconocible, convocante y con perspectiva de futuro.

Esto obliga a preguntarnos qué entendemos por centro. Porque ese espacio es mucho más amplio y diverso de lo que suele suponerse. Conviven en él quienes no se reconocen en las categorías tradicionales de izquierda y derecha, quienes valoran la moderación, quienes entienden el centro como una bisagra entre posiciones diferentes y quienes provienen de distintas tradiciones democráticas, pero comparten una disposición al diálogo, los acuerdos y el respeto por las instituciones. No se trata, por tanto, de una identidad homogénea ni de un simple punto ubicado geométricamente entre dos extremos.

La historia política chilena permite comprender mejor esta diversidad. Timothy Scully distingue entre un centro posicional, caracterizado por su capacidad para desplazarse entre los polos, construir alianzas y facilitar compromisos y un centro programático, dotado de ideas y propuestas propias. La experiencia muestra las fortalezas y tensiones de ambos modelos: un centro exclusivamente posicional puede perder identidad, mientras uno excesivamente rígido puede debilitar precisamente aquello que constituye una de sus mayores fortalezas, su capacidad de articulación.

Por eso, el centro que Chile necesita no puede definirse simplemente por aquello que está entre la izquierda y la derecha, ni por aquello que rechaza de ambas. Necesita contenido, identidad y una visión de sociedad. Pero, al mismo tiempo, debe recuperar una forma de entender la política que hoy parece especialmente necesaria, que es la capacidad de comprender al otro, dialogar con quien piensa distinto y construir acuerdos sin exigir la renuncia a las propias convicciones.

Es aquí donde adquiere especial relevancia la idea de amistad cívica. Una democracia necesita competencia, diferencias y proyectos alternativos, pero también requiere una comunidad política que reconozca ciertos fundamentos compartidos. La democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho, el pluralismo y el respeto por las instituciones no pueden depender de las circunstancias ni de quién ejerza el poder. Constituyen el marco dentro del cual nuestras diferencias pueden expresarse y resolverse legítimamente.

Desde esa perspectiva, el adversario político no es un enemigo. La alternancia es parte de la democracia y la construcción de mayorías constituye una condición para gobernar y transformar. Entender la competencia política de esta manera permite recuperar algo que la polarización debilita: la posibilidad de discrepar profundamente y aun así, reconocer en el otro a alguien con quien es posible construir.

La experiencia chilena ofrece aprendizajes importantes en este sentido. Los períodos en que el país ha contado con mayor capacidad para alcanzar acuerdos amplios han permitido avanzar en transformaciones relevantes y ofrecer mayores niveles de estabilidad. Del mismo modo, el rechazo ciudadano a los dos proyectos constitucionales surgidos en los últimos años puede ser leído, entre otras interpretaciones posibles, como una advertencia frente a propuestas que no consiguieron construir consensos suficientemente amplios. La voluntad ciudadana ha mostrado límites a proyectos percibidos como demasiado identificados con uno u otro polo.

Pero construir acuerdos no significa renunciar al cambio. La moderación no es tibieza. No se puede ser tibio frente a la democracia, los derechos humanos o el Estado de derecho. Tampoco la moderación puede convertirse en una excusa para conservar aquello que debe ser transformado. Su valor radica, precisamente, en ofrecer una manera responsable de conducir el cambio, reconociendo la complejidad de la realidad y la necesidad de construir mayorías capaces de sostener las transformaciones en el tiempo.

Por ello, un centro con futuro debe ser necesariamente reformista. Reformar significa transformar con propósito, conocimiento y responsabilidad. Supone alejarse tanto del inmovilismo como de la pretensión de que todo cambio profundo requiere una ruptura. Implica comprender que la política debe responder a la realidad y que los procesos de transformación necesitan instituciones sólidas, cooperación y capacidad para incorporar distintas miradas.

En este sentido, las grandes tradiciones democráticas continúan ofreciendo puntos de encuentro. El liberalismo social, la socialdemocracia y el humanismo cristiano poseen historias e identidades diferentes, pero pueden reconocerse en principios comunes, como la dignidad de la persona, el valor de la libertad, la solidaridad, la justicia social, el respeto por las instituciones y la búsqueda del bien común. La diversidad de esas tradiciones no debiera ser entendida como un obstáculo, sino como una expresión del carácter plural que necesariamente debe tener un espacio democrático de centro.

Esta reflexión dialoga directamente con lo planteado por Jaime Mulet en nuestro reciente conversatorio. Su llamado a construir un espacio reformista apunta precisamente a ofrecer una alternativa frente a la polarización sin exigir que quienes confluyan en ella abandonen sus identidades. El desafío consiste en encontrar aquello que permite construir un proyecto común con convicciones democráticas compartidas, disposición al diálogo, vocación transformadora y capacidad para construir mayorías.

Y allí aparece una cuestión fundamental: un centro reformista no puede conformarse con ser una tercera opción electoral. Debe aspirar a convertirse en una alternativa de mayoría. No se trata simplemente de ocupar el espacio disponible entre los polos, sino de interpretar las preocupaciones de una sociedad diversa.

Esto es particularmente importante frente a una sociedad que ha cambiado profundamente. La globalización, las transformaciones tecnológicas, la inteligencia artificial, las nuevas formas de participación, la crisis de representación y las demandas de una ciudadanía más exigente obligan también a revisar las formas tradicionales de hacer política. El centro no puede construirse mirando únicamente hacia el pasado. Necesita comprender una realidad más horizontal, plural y compleja, formar nuevos liderazgos y recuperar vínculos con las comunidades, los territorios y la sociedad civil.

Chile enfrenta desafíos que difícilmente podrán ser abordados desde trincheras ideológicas cerradas. Seguridad, crecimiento económico, desigualdad, modernización del Estado, migración, cambio climático, envejecimiento de la población y revolución tecnológica requieren conocimiento, capacidad de diálogo y voluntad de transformación. Requieren acuerdos, pero también dirección.

Quizás las coordenadas para comenzar a construir ese espacio sean más sencillas de formular que de llevar a la práctica. Entendimiento, comprensión y diálogo. Solidaridad como actitud. Una disposición permanente a mirar la realidad con apertura. Sobre ellas puede construirse un centro con sustancia, humanista y reformista, que no tema a las diferencias, que haga de la amistad cívica una forma de convivencia democrática y que tenga la ambición de construir mayorías.

Porque, finalmente, el amplio espacio del centro no está llamado simplemente a situarse entre dos polos. Está llamado a encontrarse, dialogar y construir una alternativa para Chile.

Equipo Editorial
Corporación Humanismo y Democracia

Resumen del conversatorio con Jaime Mulet Martínez

Construir una alternativa para el Chile de hoy: el desafío del centro reformista

Sobre el expositor

Jaime Mulet Martínez es abogado, político y diputado en ejercicio por el Distrito N.º 4 de la Región de Atacama, con una extensa trayectoria pública y parlamentaria vinculada al regionalismo, la descentralización y el desarrollo de los territorios. Inició su trayectoria pública como Secretario Regional Ministerial de Justicia de Atacama entre 1990 y 1992 y posteriormente ha ejercido como diputado durante varios períodos, desempeñándose además como Primer Vicepresidente de la Cámara de Diputadas y Diputados entre 2018 y 2019. En el ámbito político, fue militante de la Democracia Cristiana y posteriormente uno de los impulsores de la Federación Regionalista Verde Social (FREVS), colectividad que presidió hasta 2022 y de la cual continúa siendo uno de sus principales referentes. Su trayectoria se ha caracterizado especialmente por la defensa de la descentralización, el fortalecimiento de las regiones, el desarrollo territorial y una mayor participación de estas en los beneficios generados por los recursos naturales.

La exposición

En esta nueva edición de los Conversatorios de Humanismo y Democracia, Jaime Mulet reflexionó sobre el escenario político chileno y las posibilidades de construir una alternativa de centro reformista capaz de superar la creciente polarización, recuperar la capacidad de diálogo y articular una propuesta política con vocación de mayoría.

El expositor inició su intervención a partir de un diagnóstico económico de las últimas dos décadas. Señaló que Chile ha experimentado un deterioro relevante en distintos indicadores, caracterizado por bajo crecimiento económico, aumento de la deuda pública, déficits fiscales persistentes y debilitamiento de los fondos soberanos. A su juicio, este deterioro económico ha coincidido con un período de creciente polarización y fragmentación política, que ha dificultado la capacidad de los sucesivos gobiernos para impulsar transformaciones y construir acuerdos estables.

Mulet vinculó este fenómeno con el debilitamiento de los sectores políticos moderados. Recordó la pérdida de influencia de partidos que históricamente ocuparon posiciones de centro, como la Democracia Cristiana y el Partido Radical, junto con el debilitamiento de otras colectividades tradicionales, mientras nuevas fuerzas situadas en posiciones más polarizadas fueron adquiriendo mayor protagonismo electoral. Al mismo tiempo, sostuvo que la fragmentación también se expresa al interior de los propios partidos y del Congreso, haciendo cada vez más difícil construir mayorías políticas consistentes.

Frente a este escenario, planteó la necesidad de generar un espacio político capaz de articular a sectores moderados que hoy se encuentran dispersos. Para Mulet, ese espacio no debiera entenderse simplemente como un punto intermedio entre la izquierda y la derecha, sino como una alternativa con identidad y vocación de poder, capaz de impulsar transformaciones profundas mediante la moderación, el gradualismo y el respeto por las instituciones democráticas. En ese sentido, evocó la experiencia del gobierno de Eduardo Frei Montalva y la idea de la “Revolución en Libertad” como referencia histórica de un reformismo que buscó realizar cambios importantes sin renunciar a la democracia.

Uno de los aspectos que destacó fue precisamente que moderación no significa renunciar a las transformaciones. Desde su perspectiva, un centro reformista puede mantener aspiraciones profundas de cambio y conservar las identidades y convicciones de quienes lo integran, pero debe hacerlo desde una lógica distinta a la confrontación permanente. La tarea sería, por tanto, construir un espacio común donde distintas fuerzas puedan colaborar sin abandonar sus propias identidades ni sus “utopías”, pero compartiendo una voluntad de diálogo y gradualidad.

En este marco, Mulet expuso también algunos de los principios que orientan al regionalismo verde, entre ellos la dignidad humana, el bien común, la solidaridad, la justicia social, el respeto por la vida, la función social de la propiedad, los derechos humanos y la búsqueda de una economía a escala humana. A ello sumó la descentralización, la regionalización, la transición ecológica justa y una concepción del desarrollo que permita compatibilizar el bienestar de las personas con el cuidado del planeta. Como referentes de esta mirada mencionó, entre otros, a Eduardo Frei Montalva, el cardenal Raúl Silva Henríquez, Manfred Max-Neef y el pensamiento expresado en las encíclicas sociales del Papa Francisco.

La descentralización ocupó un lugar relevante en su planteamiento. Mulet defendió una mayor autonomía de las regiones y una distribución más equilibrada del poder político y económico, junto con una participación más directa de las comunidades en las decisiones que afectan a sus territorios. Esta perspectiva se vinculó también con su visión sobre los recursos naturales y la necesidad de que una mayor proporción de la riqueza generada en Chile contribuya al desarrollo del propio país y de sus regiones.

Asimismo, abordó la relación entre Estado y mercado, planteando que una alternativa reformista debe superar las respuestas rígidas que identifican el interés público exclusivamente con la acción estatal o, en el extremo contrario, entregan al mercado la resolución de los problemas colectivos. Desde esa perspectiva, defendió la búsqueda de fórmulas que permitan articular iniciativa privada, interés público y una acción estatal eficaz, particularmente en sectores estratégicos para el desarrollo del país.

Diálogo con los participantes

Durante el diálogo con los participantes surgieron distintas reflexiones respecto de las posibilidades reales de construir este espacio político. Se planteó que un proyecto de centro reformista puede resultar indispensable para la gobernabilidad, pero enfrenta desafíos importantes en materia de identidad, narrativa, capacidad territorial y construcción de una masa crítica suficiente. También se discutió cómo evitar que la moderación sea percibida como falta de convicciones y cómo construir un relato capaz de conectar emocionalmente con la ciudadanía en un escenario donde las posiciones polarizadas movilizan con mayor facilidad sentimientos como el miedo, la indignación o el rechazo.

Otro de los temas relevantes fue la construcción de mayorías. En el diálogo se planteó que el desafío no consiste necesariamente en crear una tercera fuerza aislada que compita simultáneamente contra izquierda y derecha, sino en consolidar un reformismo suficientemente fuerte como para articular coaliciones más amplias y contribuir a generar acuerdos de gobernabilidad. La experiencia histórica del Frente Popular y de la Concertación fue mencionada como referencia de coaliciones capaces de combinar una orientación reformista con la construcción de mayorías políticas.

Las intervenciones de los participantes también abordaron la necesidad de recuperar la educación cívica, fortalecer la participación ciudadana, renovar los liderazgos políticos, incorporar a las nuevas generaciones y dotar a una eventual alternativa reformista de un contenido doctrinario reconocible. En particular, surgió la pregunta acerca de cómo construir un proyecto que no solo sea técnicamente sólido y políticamente moderado, sino que además sea capaz de entusiasmar y convocar a una ciudadanía crecientemente distante de las estructuras partidarias tradicionales.

En su respuesta final, Mulet sostuvo que el nombre o la fórmula específica que adopte este espacio es menos importante que la voluntad efectiva de construirlo. A su juicio, lo fundamental es generar una alternativa frente a las propuestas provenientes de los extremos políticos y comprender que Chile enfrenta desafíos nuevos y de gran magnitud. Entre ellos mencionó la inteligencia artificial, el creciente poder de las grandes empresas tecnológicas, el cambio climático y el debilitamiento del sistema multilateral, fenómenos que están generando niveles importantes de incertidumbre y frente a los cuales no existen soluciones simples ni caminos previamente trazados.

El diputado también destacó la necesidad de incorporar a los jóvenes a este proyecto, abordando temas que forman parte de sus preocupaciones, como la protección del medioambiente, los humedales, el bienestar animal, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. En su opinión, existe espacio para construir una propuesta que combine moderación y gradualismo con una genuina capacidad de transformación y que vuelva a entusiasmar a nuevas generaciones.

Conclusión

El conversatorio permitió situar el desafío del centro reformista más allá de una posición equidistante entre izquierda y derecha. La propuesta planteada por Jaime Mulet apunta a la construcción de un espacio político con identidad propia, vocación transformadora y capacidad de generar mayorías, que recupere el valor del diálogo, la moderación y los acuerdos sin renunciar a cambios profundos. En un contexto marcado por la polarización, la fragmentación política y nuevas fuentes de incertidumbre global, el desafío consiste en reunir fuerzas hoy dispersas, construir un diagnóstico compartido y proyectar una alternativa capaz de ofrecer gobernabilidad y responder a los problemas concretos que enfrenta Chile.

Ver el video completo del conversatorio en YouTube →

Recomendaciones de lectura

Los tres documentos citados en este boletín están disponibles para descarga directa:

1. Los partidos de centro y la evolución política chilena

Autor: Timothy R. Scully · CIEPLAN, 1992

Descargar PDF (19 MB) →

2. ¿Dónde está el centro político?: Radiografía del Chile actual con voto obligatorio

Autores: Cristóbal Rovira Kaltwasser, Matías Bargsted, Rocío Salas-Lewin

Descargar PDF (1.8 MB) →

3. El centro sin sustancia: por qué el centrismo posicional no tiene futuro en la democracia contemporánea

Autor: Eduardo Saffirio Suárez

Descargar PDF (52 KB) →

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